Los astros conspiraban
en la noche sangría,
y su voz se quebró
con la mordaza del silencio.
Entre las sombras del tiempo
bostezó abatido,
indiferente y sarcástico
en un mundo de violencias
y fracasos.
Con perezosa cobardía
sus labios bosquejaron
una sonrisa irónica,
sus ojos revelaban
la involuntad de su alma.
Resignado prosiguió
naufragando,
en un océano de borracheras
de egoísmos y pretextos.
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