¡Ay de mi!
Es que tengo los pies inquietos
tan inquietos que no saben
estar quietos.
¡Ay pies!
Que será de mi
cuando ya no me puedas sostener?
Por eso pies bendito
te pido y te ordeno
con la misma energía
llévame a recorrer
por las anchas avenidas
que bordea mi ciudad,
largas caminatas por La Rivereña
para sentir la frescura
del río Paraguay.
¡Ay pies!
Llévame a sentir la tibieza de la arena
la frescura del agua
la textura y el cosquilleo
de las hojarascas.
¡Ay pies!
Mientras las fuerzas de tus alas
me lleven,
nunca me detendré.
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